Yo le digo SÍ a la paz.

Yo apoyo el sí al plebiscito, porque no hay razones por las que no se pueda alcanzar la paz, aun dada la violencia de sus múltiples autores del conflicto, porque hay dos países garantes, entre ellos Noruega que tiene tradición en la resolución de conflictos. Cada país hace su paz como puede, y quien no quiere la paz no la merece. Colombia se caracteriza por tener la insurgencia armada más prologada de América Latina y el perdón es el único camino para alcanzar la paz, esto no es cuestión de ingenuidad, es cuestión de esperanza, no resistiría el no saber qué habría pasado si hubiera votado al sí. Desde el año 82 se comenzó el primer proceso de paz en Colombia, durante el mandato de Belisario Betancur, se abrieron mesas de discusión pero nunca se llegó a nada, algo similar pasó durante el gobierno de Virgilio Barco, quien no entendió que una negociación consiste en que las dos partes obtengan un beneficio, en lugar de simplemente reafirmar la autoridad de uno de los dos lados, además de que no tenía definido un plan, ni una fecha límite;  en los mismos errores cayó Cesar Gaviria y los otros que le sucedieron. Juan Manuel Santos ha tratado de no cometer los mismos errores que los otros, si es un buen o mal presidente no me compete hablarlo aquí. De los muchachos que están en la guerrilla el 90 % está allí a la fuerza y de ese porcentaje el 20 % son menores de edad, son personas que no saben hacer otra cosa que disparar un fúsil, y que considero, merecen otra oportunidad, son personas con las que hay que hacer un trabajo social muy fuerte; y si la guerrilla existe es porque son la fiebre del país, y no hay que tener demasiado conocimiento como para saber que la fiebre solo aparece cuando hay infección y la infección de este país es la corrupción. Voto por el sí, porque serán 8 mil armas menos en este país, porque podrán volver a sus casas al menos 6 millones de colombianos que fueron desplazados por la violencia, porque se podrá invertir más en salud, educación, bienestar, y menos en guerra. El costo de la guerra es de 28 billones de pesos anuales, es decir 77 mil millones diarios, el plebiscito tiene el mismo costo que una segunda vuelta presidencial es decir 300 millones de pesos, y reincorporar a las FARC un costo de 250 millones de pesos, es decir 7 días de guerra, pienso yo, ¿no vale la pena la inversión?
Una firma no traerá la paz, pero sí causará una mejora en el orden público, a pesar de que siga existiendo la delincuencia común. Yo no estoy de acuerdo con mandar a hijos ajenos a la guerra, no más viudas, no más huérfanos, no más jóvenes peleando las guerras de otros. No hay paz perfecta, pero tampoco conozco guerra que lo sea, después de 52 años de guerra, ¿no valdrá la pena probar algo diferente? Nadie que haya negociado lo que obtuvieron las FARC, se sentará de nuevo en una mesa para sacar menos, esa es la verdad. 
La paz es una victoria de la democracia, yo prefiero verlos en las urnas con ideas que en el monte con minas quiebra patas, el congreso tiene 268 curules, de los cuales 10 se darán a las FARC, para cambiar la constitución se necesitan 140 curules, ¿cuál es el miedo? si al fin y al cabo pasarán décadas antes de que consigan el apoyo popular.

Siento una responsabilidad con los que vienen, por ofrecerles un país mejor, porque no estoy conforme con el que tenemos, pero lo más difícil no es convencer al pueblo colombiano de votar al sí, lo más difícil es hacer que lean los acuerdos, ya sea la versión original de 297 páginas, o la versión resumida de 80, da igual, votarán según los cuentos que les vendan, o el plato de lechona que les regalen. Qué vergüenza me daría que un proceso tan admirado a nivel mundial, y apoyado y vigilado por organizaciones como la ONU se viera truncado, qué vergüenza me da vivir en un país donde tengan que preguntarle a sus ciudadanos si quieren vivir en paz.

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