Releyendo viejos escritos...




Hoy lo recuerdo mucho más que unos meses atrás, aunque debo dar por sentado que él no me extraña a mí y no sé realmente qué tanto me importe. Este desbalance de amor es solo una cuota de lo que obtuve, es el pago por ver esos maravillosos ojos cafés; cafés claros, pestañas largas, mirada penetrante, hechizante, escalofriante y encantadora.

No soportaba que me mirara por mucho tiempo, me sentía nerviosa, mi sonrisa no podía ocultarse, luchaba fuertemente conmigo entre salir y no salir y finalmente como una hija rebelde esta iba tras de ti a chocarse con la tuya, de dientes perfectamente alineados, blancos y con gracia... me la ponías muy difícil porque al mirarte, nunca supe qué parte de ti me gustaba más. Cuando estaba contigo, mis manos se tornaban frías, tan frías que disfrutaba ponerlas sobre tu abdomen, amaba verte retorcer por el frío de ellas contrastando con tu acalorado vientre y no porque éste fuera como el de las revistas, el tuyo era simplemente delgado y nada musculoso, pero era como me gustaba a mí.

Recuerdo también lo que se sentía antes de verte, mi estómago convulsionaba de una manera que nadie aún lo había conseguido, era como estar por subir a una montaña rusa o la incertidumbre minutos antes de una entrevista, en donde tu atuendo y las palabras que pongas en tu boca influirán en el veredicto final, así me sentía yo justo antes de verte, era como lanzarme de un paracaídas, con la sensación de vacío en la panza y el efecto de libertad y adrenalina rozándome la piel... eso eras tú, mi paracaídas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Creo que morí.

La vida se nos escapa