Para Manolo

El día que te conocí pensé varias cosas - como es común en todas las primeras veces- Lo que más recuerdo es el blazer que tenías puesto con unos detallitos bordados, me recordaron a un personaje de una película que alguna vez vi combinado con unas botas tal como las que tenías tú, con la diferencia de que el personaje tenía un sombrero y un cigarrillo en la mano, seguramente alguna vez también te has visto así, me pareció curioso pero lo dejé pasar. Camino a los wafles no sabía muy bien de qué hablar, nunca lo he sabido, nunca he sido una persona conversadora y además esa vez estaba frente a un desconocido. No me fijé demasiado en tus tuits porque creo que es una red donde mostramos una imagen un poco distorsionada de nosotros mismos, una proyección errada como la de Mercator pero que se ha vendido como real por años. Comimos y nos sentamos en el parque, empezaste hablar de lo que hacías, yo no entendía nada, no tenía ni idea quiénes eran los poetas malditos y no puedo recordar la mayoría de autores que nombraste, en un momento me distraje, es muy común que lo haga. Tienes unos ojos muy diferentes a los que se ven usualmente, la lámpara te alumbraba directamente a la cara, el iris es grande y las pestañas son largas,  creo que incluso llegué a decir que eran muy tiernos, se ven como los ojos de un niño pequeño cuando está trepando y haciendo escalones con los cajones de un armario sin el temor de que por el peso pueden caerle encima. Mientras hablabas de los cuentos de muñequitos, pensé que esa era la última conversación que íbamos a tener y recuerdo decirle esa noche a alguien, que después de esa conversación me sentía una persona muy superficial. Estoy segura de que en mi cerebro hay un mundo de conocimiento, que siento miedo, que siento amor, que me cuestiono a diario... Pero ahí en esa banca yo solo era una persona superficial frente a un muchacho trepando entre cajones y quizá arañando cosas que no debía tocar.


Por esos días, los primeros de agosto, estaba muy triste aunque sabía que las cosas con Antonio no tenían ningún sentido lloré demasiadas horas hasta sentir que me mareaba. Te lo conté como me contaste algunas cosas de tu ex. Me sentí acompañada en eso. No sé por qué estoy escribiendo esto y tampoco sé si lo voy a compartir contigo, si te importe o si me vas a corregir, seguramente haya mucho que corregir pero en este momento créeme que no me importa. Creo que estoy tratando de llegar a alguna idea que no he podido organizar en mi cabeza, o quizás estoy poniendo en práctica lo que un día me enviaste sobre no ser un recipiente vacío sino ser uno que reboza y se renueva, que se permite sentir. Borro los chats pero tú sabrás mejor de qué estoy hablando. Me gustaba leer lo que escribías, es una completa genialidad, de tu cerebrito loco salen cosas bastante interesantes.
El día que fui a tu casa con Aquiles, saliste un momento a retirar dinero para comprar algo de comer y yo me quedé en tu cama no me moví de ahí hasta que regresaste, no toqué ningún libro, ni moví el computador, sobre la mesa de noche había un cuaderno viejo y un poco arrugado, sin carátula, lo tomé, lo leí, parecía de hace varios años. Tomé mi celular y le tomé una foto a un escrito que en particular llamó mi atención, no quise ser atrevida, espero que si un día lo sabes, no te molestes por eso. Creo que después de que comiste tuvimos sexo, muy poco o nada tenemos en común tú y yo, pero ahí estábamos. Ese día salí tan triste y tan molesta de tu casa, que compré unas cervezas y me las tomé sola en un parque, la única vez que he hecho eso en mi vida. No sabía qué pensar, pero decidí que no quería volver a sentirme de esa manera y que por eso no me volvería a acostar contigo. Ese día tú no tuviste sexo conmigo, no había ningún tipo de conexión entre tú y yo, y sé que también tengo responsabilidad en eso. Esto va mucho más allá de desear un orgasmo y no lo haberlo conseguido. Siento que se me tensa la mandíbula y me arden un poco los ojos con el recuerdo. Ese día no estabas teniendo sexo conmigo, solo veía una persona furiosa e inmensamente triste, que poco se percataba de mi presencia en la habitación, no sé si en tu mente estaba la imagen de alguien más, pero yo sentí que no me percibías aunque sintiera el vaivén de la penetración y me cayera tu sudor en la cara. El cuerpo responde a los estímulos aunque la mente no esté del todo comprometida, no faltaba mucho para llegar, te pedí que me masturbaras aunque pude hacerlo yo misma, miraste el reloj, lo pensaste y luego dijiste que tenías cosas que hacer y poco tiempo. Esto no te habría llevado más de 3 minutos. Me puse de pie, perpleja y un poco abrumada por lo que me generó todo el acto. Pensé en eso todo el recorrido hasta mi casa pero me obligué a parar, no quería que mi mamá me viera así. Me repetí una y otra vez que no quería volver a sentirme de esa manera. Quizás evité el tema y los momentos a solas, evité visitarte, cosa que me recriminaste, sé que me vi como una mala amiga, porque aunque estuve pendiente de forma constante, no fui. Estaba protegiéndome a mi misma. Por ratos debo tomar un respiro y pausar lo que escribo porque me siento triste y quiero llorar.

Tomé distancia, no la suficiente como para perderte de vista, pero sí la suficiente para sentirme segura. Pensé en llamarte pero supe que no pasaría de 30 s la llamada, sé que de haberte buscado no habrían salido más que unas cuentas palabras de mi boca, así que para llegar a ti tuve que buscar un camino, hablar tu lenguaje. Tuve que bloquearte de Twitter porque esa persona no era la que yo conocía ni se parecía un poco. Manolo Torres es alguien increíble y apasionado y @anarcr es alguien completamente hiriente, desorientado, un pésimo doppelgänger de la versión original y uno en sus redes sociales tiene derecho a elegir qué contenido elegir. Quizá haya una fusión en algún punto de los dos, lo pude ver el día que te dije que mi hermana estaba muerta porque se había suicidado y dijiste que no te importaba, te reíste y dijiste que igual te querías morir, pudiera ser cierto, vaya uno a saberlo, pero fue absurdamente cruel. Estábamos en el parque de la Chantilly esperando a tu amigo el de la bici, no hubo una seña ni de vergüenza ni de empatía con lo que te estaba contando. Lo dejé pasar. También he sabido ser la persona hermética con las emociones de los demás.


Aprendí muchas cosas de ti, más que de arte, de otras realidades. Fui buena cuanto pude. Seguro me enfrasqué muchas veces en mis cosas académicas porque las disfruto y supongo que puedo defender eso como tú defiendes tu porro diario. De agosto llegamos a Octubre, increíble, yo hubiera apostado que no pasaríamos de esa primera charla en el parque y de esos deliciosos wafles o de las alitas que no llegaron. Estaba casi segura que no vendrías a mi cumpleaños, en tu posición tampoco hubiera ido a tu cumpleaños, me sentiría como bellota cuando tenía ese novio malo y todos sus amigotes, solo que yo en lugar de bellota sería burbuja, o sea peor. Pero consideré que entre mis buenas y malas actitudes como las de todo el mundo, yo me había portado bien contigo, había sido genuinamente cariñosa y mi familia también y de verdad que esperé todo el día un mensaje tuyo, para ti no fue nada, pero para mí era importante y eso nunca llegó. Vi tus historias de ese día montando bici con una muchacha, vi tus historias festejando, vi tus tuits, vi la olla en la que te preparaban el caldo y estoy segura que entre esas 24 h, al menos en 30 s pudiste acordarte de mí pero no lo hiciste. Estaba tan molesta, no por ella ni por ninguna, ni cuando dejaste tu facebook abierto te cuestioné, sabía que entre tu y yo no se daría nada, pero te tengo del cariño más sincero y puro que se puede tener por alguien, y a veces te extraño, casi siempre. Pero un puente no se sostiene de un solo lado y estoy un poco cansada de sostenerlo solo de este lado.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Creo que morí.

La vida se nos escapa