En el lugar del otro
En el lugar de otro
Hace dos años, más o menos para esta fecha, el colegio organizó un campamento que tuvo una duración de tres días. El día empezó un poco mal, era viernes. Mi mamá me acompañó al colegio con mis pertenencias, comida y la tienda. Antes de subir al bus, tomamos un jugo en la cafetería que estaba cruzando la calle y papá me llamó, estaba un poco enfermo, su voz estaba entrecortada y dijo que le dolía mucho su pie... el acontecimiento me llenó de angustia y lloré inmediatamente después de colgar.
El día estuvo empezó bien, era soleado, había un río cerca donde podíamos bañarnos, jugar y lavar los platos, también habían unos pocos baños; una zona de obstáculos. Había muchas personas, esto ocurrió en el año 2013, iban todos los grupos de grado 11, más o menos 40 niñas por grupo -puesto que estudiaba en un colegio femenino. Izamos nuestras banderas, construimos la a alacena y definimos el lugar dónde cocinaríamos y el turno en el que lo haríamos. En la noche, debíamos hacer de centinelas. Antes de ir a dormir habían formaciones donde entonábamos los himnos y recibíamos ordenes, cantábamos alrededor de la fogata y nos hacíamos bromas unas a otras. Era lo único que hacía más ameno ignorar los mosquitos que nos devoraban vivas.
El día siguiente, más o menos a las dos de la tarde, llegó el papá de una de mis mejores amigas...aún se me retuerce el corazón de solo recordarlo. Estábamos en un lugar todavía desconocido para mí, no parecía haber civilización cerca, estábamos en medio de la nada. Sin embargo; el papá de mi amiga logró llegar después de muchos caminos que no conducían a nada. Ella lo vio y lo supo en seguida. Su temperatura corporal bajó y su respiración se hizo agitada, se acercó a él, lo miró a los ojos, cayó en sus brazos y las lágrimas acudieron en un segundo. Su madre había muerto.
No hay Dios que valga, cuando una enfermedad ha avanzado de una manera tan cruel como lo hizo en el cuerpo de esa valiente señora. El cáncer fue consumiendo su figura, su ánimo y los sueños que aún le quedaban en la maleta, lo que no pudo consumir fue el miedo de dejar a sus hijos solos.
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Es normal que cuando estás enfermo, te llenes de angustia y el malhumor golpeen a tu ventana. Pero no hay por qué negarnos a expresar lo que sentimos, los sentimientos no son algo para agradar a los demás, sino para vaciarnos y llenarnos a nosotros mismos.
Siempre pensé en lo difícil que fue para ella y sus dos hermanos, debió ser un sufrimiento profundo, tan profundo que te vacía de lo que lleves dentro.
Mi mamá está viva, es más hoy es su cumpleaños. Estoy lejos de ella, más o menos a unas 8 h. Extrañarla me desgasta día a día, me entristece y me distrae de hacer cosas productivas. Sin embargo, está viva y aunque no soy una hija perfecta, ni siquiera sé si soy buena hija. No tengo un talento demasiado especial, -si es que tengo uno- ni soy un ser súper social, ni sobresalgo por mis notas, ni siquiera sé cuál es mi misión en la vida y mucho menos qué llegaré a ser de ella. Me atrevería a decir que he sido un gasto constante; pero ella me ama y ha estado conmigo en las cosas más absurdas. No estoy segura si ha sido exceso de paciencia, o exceso de amor; pero ciertamente hay cosas que no merezco.
La soledad en la que me encuentro ahora, es difícil pero llevadera. Me hace más fuerte y me enseña día a día algo que me urgía aprender. Nosotras dos nos las arreglamos para estar "distantemente juntas" aunque a veces no basta. Pero hay un soplo de vida en ella, un soplo tan abundante que hace florecer todo lo que esté cerca de ella, y no hay mayor prueba que la cantidad de personas a las que ayuda diariamente en su papel como fisioterapeuta.
Se supone que la empatía es lo que te hace ponerte en los zapatos de otros, pero solo con ella no basta. Más que empatía, lo que necesitamos para ponernos en el lugar de otros, es haber vivido algo ligeramente parecido. Fernanda nació con el gen maternal en ella, en nuestro grupo de amigas, nos daba ordenes, corregía, apoyaba, alimentaba y hasta apuraba. Por no decir que muchas veces hacía las cosas por nosotras. Su mamá no se fue, en realidad se quedó en ella y es la fuerza que la hizo sin ningún pudor, tomar su lugar y ser la base en la que se soportaría su hermano menor para avanzar. Las bases cuando son fuertes, no se vienen abajo, así que si él cae, caerá sobre ella y se levantarán juntos.
Ahora compartimos el sentimiento universal de extrañar - desde dos polos opuestos, claro está. Pero un mismo sentimiento al fin y al cabo. Y aunque el mundo luzca despoblado cuando algo te falta; no se va quien en el corazón se guarda.
Gracias a mi mamá por lo que me brinda, y un homenaje a la madre de Fernanda por todo lo que nos brindó.

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