Ojos de primavera


Podría deslizarme a través de tus pestañas, cual si fuese un tobogán; dar una voltereta y caer de pie con apenas unas gotas de agua rozándome la piel.
Podría desperdiciar mi vida, tan solo contemplando tu sonrisa. 
Podría dejarme seducir por la fuerza solar que se desprende de ti; cuando tus ojos soñadores salen a enfrentar el mundo siguiendo tu sonrisa. Pero el sol hace daño cuando no estás acostumbrado a él. Eres el sol. Los rayos UV son la magia que desprendes y yo soy una simple mortal, que necesita de un bloqueador para no quemarse ante la menor exposición a ti. 
Eres esa llama abrasadora y agradable por un instante fugaz, pero mortal si te aventuras un poco más de lo considerado sano. 
Tu cara: angular, trigueña, con una barba contradictoria como tú, negándose a ser abundante; luchando por existir. 
La naturaleza decide renacer porque tú la miras. Ellos son oscuros y brillantes como la piedritas magnéticas que solía comprar a la salida del colegio. Esa mirada es la energía acumulada tras el invierno, esos ojos son la mismísima primavera.

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